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¿Estás empezando en el mundo del sonido profesional? ¿Quieres escuchar tus canciones preferidas o reproducir las películas disfrutando al máximo de los detalles? Entonces, seguramente te estés preguntando sobre los distintos equipos de sonido que necesitas y cómo configurarlos. En este artículo, nos centramos en explicar qué es un subwoofer, dónde colocarlo y qué tipo de conexión utiliza, entre otras.
Ahora bien, si quieres más información sobre otros componentes y equipos de sonido profesionales, te recomendamos leer el Blog de Zococity.es. ¡Vamos a ello!
Si alguna vez te has preguntado qué es un subwoofer, la respuesta es sencilla: es un altavoz especializado en reproducir las frecuencias más bajas del espectro sonoro, es decir, los graves. Mientras que unos altavoces convencionales se encargan de cubrir las frecuencias medias y altas, el subwoofer trabaja en la zona de entre 20 y 200 Hz, aportando profundidad y contundencia al sonido. En un sistema de audio doméstico o profesional, el subwoofer es el encargado de hacerte sentir físicamente la música o el sonido. Piensa, por ejemplo, en el impacto de un bombo en una canción electrónica, el rugido de un motor en una película de acción o el estruendo de una explosión en un videojuego. Todos estos elementos ganan realismo y energía gracias al subwoofer.
Su función no es simplemente añadir más volumen, sino ampliar el rango dinámico del sistema de audio. De este modo, permite que los altavoces principales trabajen con mayor comodidad en las frecuencias que mejor manejan, mientras el subwoofer se encarga de los graves. Así se obtiene un sonido más equilibrado, definido y envolvente, lo que convierte al subwoofer en una pieza clave para los amantes de la música, el cine en casa y el gaming. En definitiva, al hablar de subwoofer, qué es y para qué sirve, podemos definirlo como la herramienta que da vida a las bajas frecuencias, aportando emoción y realismo al sistema de sonido.
Existen diferentes métodos para llevar a cabo el quemado de auriculares. El más sencillo consiste en utilizar los auriculares de forma habitual durante horas de escucha normales, dejando que el tiempo se encargue de suavizar el comportamiento de los drivers. Sin embargo, muchos entusiastas recomiendan acelerar el proceso utilizando sonidos específicos, como ruido blanco, ruido rosa, frecuencias alternas o listas de reproducción con una amplia variedad de géneros musicales.
Generalmente, se aconseja mantener los auriculares sonando de forma continua entre 50 y 100 horas para completar un rodaje estándar. Algunos audiófilos amplían este periodo hasta las 200 horas, dependiendo de la sensibilidad del modelo o de sus componentes internos. Es importante destacar que el volumen de reproducción durante este proceso no debe ser excesivo, ya que podría dañar los drivers en lugar de optimizarlos.
Otra recomendación habitual es dejar descansos periódicos para evitar un sobrecalentamiento innecesario. Muchos usuarios dejan los auriculares conectados durante la noche a un reproductor con una lista de reproducción de ruido o música variada, asegurándose de que el nivel de volumen sea moderado. De esta manera, se consigue un rodaje progresivo y seguro.
Uno de los aspectos más importantes a la hora de aprovechar todo el potencial de este dispositivo es saber dónde colocar el subwoofer. Su ubicación dentro de la sala puede cambiar radicalmente la calidad del sonido. A diferencia de los altavoces convencionales, cuya colocación depende de la orientación y de la escena estéreo, el subwoofer emite frecuencias que son más difíciles de localizar por el oído humano. Esto da cierta flexibilidad, pero no significa que podamos colocarlo en cualquier sitio. El lugar más habitual es en el suelo, cerca de una pared o en una esquina de la habitación. Estas superficies reflejan el sonido y ayudan a potenciar los graves, aunque si se coloca demasiado arrinconado puede generar un exceso de resonancia y provocar que el bajo suene “retumbón” o poco definido.
Un truco muy útil es rastrear el sonido. Para ello, coloca el subwoofer en el punto donde normalmente te sientas a escuchar música o ver películas, reproduce un tema con graves marcados y camina por la sala hasta encontrar el lugar donde suene más equilibrado. Ese será el mejor sitio para ubicarlo de manera definitiva. En sistemas de cine en casa avanzados también es posible integrar más de un subwoofer para distribuir mejor las ondas de baja frecuencia y evitar puntos muertos. Pero para la mayoría de los usuarios, una buena ubicación y una correcta calibración serán suficientes para disfrutar de una experiencia sonora de alta calidad.
Una de las dudas más comunes es la de si un subwoofer necesita amplificador. La respuesta depende del tipo de subwoofer que tengamos y de nuestra instalación. Existen subwoofers activos y subwoofers pasivos. Los activos ya incorporan su propio amplificador interno, por lo que basta con conectarlos a la fuente de sonido o al receptor AV para que funcionen.
Este tipo es el más popular en sistemas domésticos, ya que facilita la instalación y asegura que el subwoofer reciba siempre la potencia adecuada. Ahora bien, si ya cuentas con un amplificador principal en tu hogar —o quieres incorporarlo para darle potencia a tus diferentes altavoces—, entonces también deberías conectar el subwoofer activo. En este caso, el amplificador no le dará más potencia, sino que se utilizará para que le envíe la señal de audio.
Por otro lado, en el caso de los subwoofers pasivos hay que destacar que necesitan de un amplificador externo para funcionar. Además, a diferencia del caso anterior, este debe ser dedicado, para que sea lo suficientemente potente y pueda manejar las exigentes frecuencias bajas —razón por la cual, la inversión será mayor—. Estos subwoofers son más habituales en entornos profesionales o en configuraciones de alta fidelidad más específicas, donde el usuario quiere tener un control total sobre la amplificación y la gestión de frecuencias.
Por lo tanto, si lo que buscas es facilidad de uso y una experiencia de cine o música inmersiva en casa, lo más recomendable es optar por un subwoofer activo. En cambio, si eres un audiófilo que desea personalizar al máximo el sistema, un pasivo con un buen amplificador puede darte más margen de maniobra.
En cualquier caso, es fundamental asegurarse de que la potencia del amplificador sea adecuada para el subwoofer y que se configure correctamente el cruce de frecuencias, de manera que no se solapen los graves con los altavoces principales.
Conectar un subwoofer a un amplificador es un proceso más sencillo de lo que parece, aunque conviene hacerlo con cuidado para sacar el máximo partido. Por supuesto, la forma de hacerlo depende de si son activos o pasivos:
-En el caso de los subwoofers activos, lo más habitual es conectarlos mediante un cable RCA al canal de salida específico para “subwoofer” o “LFE” que suelen traer los receptores AV o los amplificadores modernos. Una vez hecho esto, bastará con ajustar el nivel de volumen y la frecuencia de corte en el propio subwoofer o en el receptor.
-Si trabajas con un subwoofer pasivo, la conexión se hace de forma similar a la de un altavoz tradicional, es decir, mediante cables de altavoz desde el amplificador. En este escenario, el amplificador debe tener suficiente potencia para mover tanto los altavoces principales como el subwoofer.
La configuración posterior es clave. Una buena práctica es ajustar el cruce de frecuencias alrededor de los 80 Hz, aunque puede variar según el sistema y la sala. Esto permitirá que el subwoofer se encargue de los graves más profundos, mientras los altavoces principales se ocupan de las frecuencias medias y altas.
Además, para responder a cómo configurar un subwoofer no debemos limitarnos únicamente a la conexión en sí misma. También es importante equilibrar los niveles de volumen y comprobar que el sonido resultante es limpio, potente y sin distorsiones. Un ajuste preciso marcará la diferencia entre un bajo retumbón y uno firme, realista y lleno de detalle.